Ir al contenido principal

Nunca he escrito un poema de amor



Nunca he escrito un poema de amor.
Salvo a esa orgía silenciosa que entra
-A veces-
en las noches por mi ventana.
Silencio espectral, espejo sucio
de nuestras cualidades vanas.

Nunca he escrito un poema de amor.
Salvo al susurro misterioso de las calles
en que transitamos – vos y yo –
recolectando flores de jardines vacíos.

Nunca he escrito un poema de amor.
Salvo a la informe mudez que me arrebata
por las noches de palabras muertas,
de estatuas vivas.

Nunca he escrito un poema de amor.
Salvo al eco gemebundo de la primavera,
color inerte del cuadro absurdo,
materia vana de nuestra equívoca vida.

Nunca he escrito un poema de amor.
Salvo hoy que quise dibujarte en uno,
pero me extravié en el hastío y
se me fueron las ganas.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Todos los caminos conducen a un bar

                                       Son las nueve de la mañana y estoy mirándome en el espejo del baño. De mi rostro y el flequillo aún chorrea el agua que aventé para acelerar el letargo e inyectarme un poco más de ganas de vivir este día que acababa de empezar para mi. Las nueve y media de la mañana. En el cuerpo solo puede entrarme agua a temperatura natural, ya tengo la cara seca pero de mis profundidades aún chorrean retazos de sueño, fragmentos de cortometrajes pesados. No tengo hambre, definitivamente, y si como algo será para que me caiga pesado y cargar con eso buena parte de lo que queda de la mañana. No, seguiré con el agua. En una ocasión cualquiera hubiera comprado una empanada y aguantar con hermoso gusto la queja estomacal. Son las diez y catorce y está bueno este día gris, los rostros de las personas que me acompañan en esta espera casual por el semáforo r...

Arritmia

Como poder unirme a la noche quieta cuando en el pecho doliente la madrugada es más oscura Telaraña pesadez obnubilante Cascada de alfileres oxidados – angustia – se anteponen a la melodía del viento que se dibuja transparente en la danza de las bolsas de plástico de la calle. Como poder asirme al momento si los segundos se me escurren de las manos y en la conciencia no queda más que sombra de un presente ya ido. Siempre caminando entre cenizas y… ¡Nunca sentir del tiempo más que su huella! Viajamos en un compás descarriado tratando de alcanzar un colectivo ya partido. Nunca saber el DONDE como destino sino siempre la interrogante. Al descansar del camino las piernas ansiosas y al correr ansias de quietud Al cerrar los ojos el alboroto, al abrirlos, oscuridad.

La ciudad negra

Mi relación con la ciudad es oscura, literalmente hablando. Cuando callan los motores de los vehículos, los pasos apresurados de los sonámbulos que van y vienen de su esclavitud diaria disminuyen y se disuelve el smog, esa nube negra y espesa olor a progreso, yo salgo a la calle, yo vivo. Se desliza el tiempo, son las ocho de la noche de un miércoles cualquiera. Algunos humanos aún esperan el colectivo que los lleve a sus madrigueras a cenar algo y remojar las ojeras en algún programa idiotizante de la televisión nacional (el humanus paraguayus es un ser de cuatro paredes), las miradas se pierden en puntos inexistentes a través de las ventanas de los colectivos, los rostros se iluminan por smartphones.  La ciudad se aquieta lentamente cuando transcurren las nueve de la noche. En el centro de la ciudad los animales nocturnos se juntan en los pancheros, lomiteros y otros en los canastos de basura hundiendo sus hocicos buscando un trozo de algo que alimente. Esporádic...