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Mostrando entradas de diciembre, 2017

Nunca he escrito un poema de amor

Nunca he escrito un poema de amor. Salvo a esa orgía silenciosa que entra -A veces- en las noches por mi ventana. Silencio espectral, espejo sucio de nuestras cualidades vanas. Nunca he escrito un poema de amor. Salvo al susurro misterioso de las calles en que transitamos – vos y yo – recolectando flores de jardines vacíos. Nunca he escrito un poema de amor. Salvo a la informe mudez que me arrebata por las noches de palabras muertas, de estatuas vivas. Nunca he escrito un poema de amor. Salvo al eco gemebundo de la primavera, color inerte del cuadro absurdo, materia vana de nuestra equívoca vida. Nunca he escrito un poema de amor. Salvo hoy que quise dibujarte en uno, pero me extravié en el hastío y se me fueron las ganas.

Circunnavegación

Si pudiera apagar mi aliento de penumbras y cubrir con hojas verdes las miradas invernales. Si pudiera pintarte que la poesía es enfermedad que no gusta de los cielos iguales. Si pudiera hablarle a la mañana que crece ordenándole que aún sea la noche, no estaría aquí desparramándome sobre las letras, no crearía partituras si me gustase la vida. (pensar/no/pensar/no) El hartazgo crece con la mañana como hiedra transparente en mi espalda y un pájaro me atraviesa el monte invitándome a pasar. (Los puertos no existen, sólo la turbulencia de los mares)