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Mostrando entradas de junio, 2016

Todos los caminos conducen a un bar

                                       Son las nueve de la mañana y estoy mirándome en el espejo del baño. De mi rostro y el flequillo aún chorrea el agua que aventé para acelerar el letargo e inyectarme un poco más de ganas de vivir este día que acababa de empezar para mi. Las nueve y media de la mañana. En el cuerpo solo puede entrarme agua a temperatura natural, ya tengo la cara seca pero de mis profundidades aún chorrean retazos de sueño, fragmentos de cortometrajes pesados. No tengo hambre, definitivamente, y si como algo será para que me caiga pesado y cargar con eso buena parte de lo que queda de la mañana. No, seguiré con el agua. En una ocasión cualquiera hubiera comprado una empanada y aguantar con hermoso gusto la queja estomacal. Son las diez y catorce y está bueno este día gris, los rostros de las personas que me acompañan en esta espera casual por el semáforo r...

Cumulonimbus

La muerte es un día que nace. Bajo por las escaleras como descendiendo al infierno. Ya la mañana oscuramente soleada es ley en las calles, en las paredes, las esquinas, en el caminar de las personas rumbo al trabajo o lo que sea. Salgo a la calle incómodo, una sensación de error universal se me atoró entre los dientes. Los pasos me duelen como una pecera. Hay un paréntesis entre las cosas, puntos suspensivos latiendo en el aire, post datas nauseabundos agitándose entre las hojas. Hoy no hay nada. La certeza es una burbuja que revienta. La vida es un harapo con el que tejieron el telón que va caer. Mientras tanto me distraigo caminando atendiendo para no pisar las baldosas negras de las veredas.