He visto al niño comer de la basura
y a la niña mendigar en las esquinas
el pan que le negaron las miradas esquivas.
Vi al indígena agonizar invisible
en las calles del centro
ante la indiferencia del
democrático y tributable
ciudadano paraguayo.
Vi a la mujer con rasgos esquizos
caminar semidesnuda
con las costillas más afuera
de la piel que adentro,
Vi a los adolescentes
quemar sus sueños en una piedra
con colchón de cenizas de cigarrillos
sobre una lata de cerveza.
Vi todo esto y sé que todos lo ven a diario.
Pero cuando uno de estos chicos
decide romper el vidrio de un auto
para robar algo de la vida robada a ellos
por este país de mierda, todos claman por sus muertes,
piden más cárceles,
menos libertades para todos
.
Permítanme presentarles:
son las fallas de este sistema,
son las hijas e hijos de un mundo desigual
que nadie piensa cambiar.
Pero, les comento algo;
se están expandiendo,
son cada vez más y están armados.
Y cuando la guerra social estalle
a mi no me pregunten de que lado estaré,
yo ya elegí mi bando.
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