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Micro-infierno

Micro-infierno empedrado
Funcionarios públicos viendo tele
diversión prole-estatal en canal 7

Algo anda muy mal aquí

Estudiantes volviendo a casa
yendo al colegio
volviendo a casa
faltando al colegio
Loop barrial del aburrimiento

Vino en cartón en una esquina
(con diazepam mucho mejor)
Salir de esta derrota constante unos minutos

Depresión en el cuerpo
en el sofá
en un lomitero con una lata de cerveza
Filtros de Instagram para ocultar
el fracaso de ser felices

El Big-bang sigue expandiéndose
y nosotros en algún punto de Liniakea
contamos el vuelto de nuestras pérdidas
Esto no da ni para decir que existimos

Hay un error muy grave acá

Y no digo que habitar nuestras carnes
mientras damos vueltas a
un agujero negro sea especial
Digo que realizarnos es un camino a una cuneta

Y tengo sueños de playas y montañas
y terremotos y birras en Eslovenia
Pero el vacío es algo que envidio
Una inconsciente roca, un accidente del cosmos

Creo que el universo se odia en nosotros

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Arritmia

Como poder unirme a la noche quieta cuando en el pecho doliente la madrugada es más oscura Telaraña pesadez obnubilante Cascada de alfileres oxidados – angustia – se anteponen a la melodía del viento que se dibuja transparente en la danza de las bolsas de plástico de la calle. Como poder asirme al momento si los segundos se me escurren de las manos y en la conciencia no queda más que sombra de un presente ya ido. Siempre caminando entre cenizas y… ¡Nunca sentir del tiempo más que su huella! Viajamos en un compás descarriado tratando de alcanzar un colectivo ya partido. Nunca saber el DONDE como destino sino siempre la interrogante. Al descansar del camino las piernas ansiosas y al correr ansias de quietud Al cerrar los ojos el alboroto, al abrirlos, oscuridad.

La ciudad negra

Mi relación con la ciudad es oscura, literalmente hablando. Cuando callan los motores de los vehículos, los pasos apresurados de los sonámbulos que van y vienen de su esclavitud diaria disminuyen y se disuelve el smog, esa nube negra y espesa olor a progreso, yo salgo a la calle, yo vivo. Se desliza el tiempo, son las ocho de la noche de un miércoles cualquiera. Algunos humanos aún esperan el colectivo que los lleve a sus madrigueras a cenar algo y remojar las ojeras en algún programa idiotizante de la televisión nacional (el humanus paraguayus es un ser de cuatro paredes), las miradas se pierden en puntos inexistentes a través de las ventanas de los colectivos, los rostros se iluminan por smartphones.  La ciudad se aquieta lentamente cuando transcurren las nueve de la noche. En el centro de la ciudad los animales nocturnos se juntan en los pancheros, lomiteros y otros en los canastos de basura hundiendo sus hocicos buscando un trozo de algo que alimente. Esporádic...